Vapers y pods son los productos de moda, pero no son lo mismo. Te explicamos cómo distinguirlos: ohmiaje, vapor, tipo de nicotina y para qué es mejor cada uno.
Hoy día, los vapers y pods —tanto recargables como desechables— son de los productos más demandados. Están surgiendo muchas marcas con diferencias de funcionamiento, así que vamos a ayudarte a distinguirlos y a contarte todos los detalles para que elijas con criterio.
1. Vapers convencionales
Son dispositivos pensados para generar gran cantidad de vapor sin perder sabor, que se potencia en cada calada. Utilizan resistencias de bajo ohmiaje (el ohm mide la resistencia del producto), normalmente entre 0,5 y 0,2 ohm: a menor ohmiaje, más vapor y más consumo de batería.
Suelen usar nicotina líquida en concentraciones bajas (3 mg–1,5 mg/ml), de asimilación más lenta. El líquido se compone de:
- Glicerina vegetal: bastante densa y de sabor dulce, es la que crea el vapor.
- Propilenglicol: el líquido con el que se mezclan los aromas, mucho menos denso.
- Aromas alimentarios: los que se usan habitualmente en repostería.
Los líquidos de vaper suelen llevar una proporción 70/30 o 60/40 a favor de la glicerina (viene indicado en el bote), para que el líquido no sobresature el algodón de la resistencia.
2. Pods
El pod surge para simular la calada cerrada de un cigarrillo: produce menos vapor que el vaper, por lo que su uso está permitido en más sitios. Normalmente la resistencia y el depósito van en una misma pieza (al cambiar la resistencia, cambias el conjunto). Usan resistencias más altas y una entrada de aire más estrecha (0,8–1,2 ohm).
Trabajan con sales de nicotina, de asimilación más efectiva (unos 30 segundos) y golpe de garganta menor, lo que permite concentraciones mayores (hasta 20 mg/ml).
Preguntas frecuentes
Encuentra el dispositivo y el líquido que mejor encajan contigo.