La creación de esta pieza cerámica comienza con la observación de uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Sevilla: la Plaza de España. Sus formas, proporciones y riqueza cerámica sirven como punto de partida para una interpretación artesanal trasladada al barro.
La elaboración se desarrolla siguiendo los principios de la alfarería tradicional sevillana. Se emplean materiales seleccionados por su calidad y comportamiento en el horno, respetando los tiempos naturales del proceso y el trabajo manual en cada fase.
El modelado no busca una réplica exacta del monumento, sino una reinterpretación contemporánea que capture su esencia. El secado gradual permite que la pieza se estabilice antes de su paso por el horno, donde el fuego fija la forma y aporta matices irrepetibles.
El resultado es una creación única, elaborada con las mismas técnicas y materiales que han dado forma al patrimonio cerámico de la ciudad, y concebida como un homenaje cultural a Sevilla.